Soy mujer desde el día uno

Soy mujer, y habito en esta cuerpa desde el día uno. 

Para mí el día uno, es cuando alguien le dijo a mi madre "es niña", y entre el rechazo a veces y la alegría, tomó esa noticia. Pensó, "criar a una niña es más difícil, era mejor un varón". 
Pero aún así me amó.

Le dijeron que mi mundo debía ser color rosa. Mi ropa, la más colorida, colores de "niña", claro. Cabello largo, con moños, peinados; orejas perforadas, aretes bonitos, que brillen. Juguetes rosados que me enseñen la importancia de la crianza pero también a "mantenerme bonita".

Y aún habito aquí, y soy mujer. Aunque por muchos años fue una condena. Sostener la feminidad, cuidarme de no ser acosada, golpeada, vi*olada, asesinada. Creer que todo era mi culpa, que yo lo provocaba. Esconder mi cuerpo, mi sexo. Negar mi menstruación, mis estrías, mi vello.

Y ahora no solo habito, también existo y disfruto. Me nombro mujer, porque aunque pasaron tantos años, y para mi mala suerte esperé tanto, ahora sé que ser mujer no es lo que la sociedad patriarcal me dijo.

Ahora tomo lo que soy, y lo resignifico.

Con mi historia, con lo que mis ancestras me heredaron, con lo que mi madre me cuenta; con lo que comparto con otras mujeres, lo que construyo con mis amigas. Sus vidas, mi vida, sus historias, nuestras cuerpas. Me nombro mujer.

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