Regreso
Estos últimos meses, parecen haberme regresado la inocencia y cobardía. No sé cómo diferenciar una de la otra, me ha costado bastante trabajo desde el día en que me dijeron “te hace falta malicia”. Si hiciera un recuento de los daños que me dejó el ser ilusa a mis 20 años, me llevaría una tres horas de llanto.
Regreso a la ciudad, y me doy cuenta que todo y nada ha cambiado. Me siento sola, pero también mientras vivía aquí me sentía así, sola. Me arreglo, hace calor, pero trato de vestirme cubierta para pasar desapercibida, lo único que puede llamar la atención son mis labios rojos. Tomo mi mochila, mi celular, mis llaves, y comienzo mi camino. Voy recordando todo lo que pasé mientra estuve aquí, añorando que regresaran los buenos momentos.
Después, un saludo y un abrazo, nada extraño; luego de una charla, llega la despedida. Unas manos pasaron sobre mi espalda, era el abrazo para decir adiós. Recorren mi espalda, presionan con fuerza y suciedad. Trato de safarme, me da miedo decir algo, aunque por mi mente pasaron miles de palabras que querían expresar odio y asco. Termina, fue el segundo más largo de este mes. Parece que duró horas. Quiero llorar. A veces me digo que me busco lo que me pasa, o no sé, no soy mala, no puedo merecer eso. Camino de regreso a casa, tengo cosas qué hacer. Nadie lo entendería.
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