Sentido contrario

Ese día usé unas arracadas enormes.

Me reí de mí por la mañana: - ¡Un canario se puede columpiar aquí! - me dije. Color rosa '‘mexicano’’ en mis  labios, es mi favorito. Día normal, frío y calor humano. Me sentía bonita, valiente, segura.

En sentido contrario, sobre dos ruedas y un motor, me seguía. Decía que quería invitarme unas cervezas, hasta me decía: amiga. ¿Desde cuándo éramos amigos, si yo en mi vida lo había visto? ¿Desde cuándo me volví una presa fácil de acoso callejero por ser mujer? ¿Desde cuándo no decirle -vete al diablo-, no es una solución viable?

Caminé, cada vez más molesta, más insegura, más temerosa. Fingí no escuchar, fingía ser valiente. En sentido contrario, sus dos ruedas, hacia la izquierda, giraba la cabeza e insistía: -Vamos te invito unas cervezas, puedes invitar a tus amigos si quieres-.

No dije nada, me quedaba muda por ratos, tragaba y tragaba no saliva, coraje, mi corazón latiendo cada vez más rápido, bombeaba sangre que ardía: -¡No, retírate por favor!-, respondí. 

Me obstruyó el paso, un casco, sus ojos rojos: -¡Ándale, vamos!- insistió. 

Con un movimiento de mano, le indiqué por donde podía retirarse, se fue, su moto a toda velocidad, arrancó. Las personas no me auxiliaron, sólo veían pasmadas, como cuando no les incumbe, pero el morbo es grande. Apresuré el paso, pidiendo al cielo no encontrarlo, quería llorar. Sólo exhalé. 

Comentarios

Entradas populares